...desde el escritorio del pastor
Parece increíble que ya estemos al cumplimiento de un año de haber inaugurado nuestro templo, la casa que juntos soñamos, ahora es una realidad, donde venimos a adorar a Dios.

Creo que para todos ha sido un año muy difícil, pero la realidad es que podemos decir hasta aquí nos ha ayudado el Señor. Aunque unas pocas familias se han tenido que mudar del área, la verdad es que Dios sigue trayendo personas de otros lugares y eso nos alegra, aunque extrañamos a aquellos que hoy no están con nosotros, pues en su tiempo orábamos juntos por este edificio que hoy lo disfrutamos y vemos la gloria de Dios derramándose cada día entre nosotros.

Como pastores, nuestra oración es que Dios permita que continuemos unidos todo el tiempo que nos resta, y nos apoyemos mutuamente, en la comunión los unos con los otros, en el compañerismo cotidiano y en las oraciones. La realidad es que esta obra no es nuestra sino de Dios, y es EL quien quiere usar a cada uno en particular, esto lo tengo muy en claro.

Doy gracias a Dios por mi esposa Patricia y por mis hijos Lina, Santiago, Melissa y por mis nietos Victoria, Rubén, Andrés, y Susana como también por Ryan, Luisa Fernanda, y Lukas que han sido de bendición a este ministerio y apoyo por todos estos años. También damos gracias a Dios por cada persona que durante todos los años, desde que  comenzamos en 1997 hasta hoy, nos han apoyado en este ministerio y especialmente durante este ultimo año que ha sido el año del jubileo al saber que tenemos algo que ha sido por la fidelidad y esfuerzo de servir al Señor.

Gracias a todos y Dios los continúe bendiciendo.

Pastores Diego y Patricia Jaramillo

Feliz es el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni va por el camino de los pecadores, ni hace causa común con los que se burlan de Dios, sino que pone su amor en la ley del Señor y en ella medita de noche y día.
Ese hombre es como un árbol plantado a la orilla del río, que da su fruto en su tiempo y jamás se marchitan sus hojas.
¡Todo lo que hace, le sale bien!
Salmo 1:1-3
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