¿Por qué es que Dios permite estas cosas? Más específicamente, ¿por qué es que la adversidad ataca tantas veces a los creyentes?
A lo largo de la historia humana la cuestión del dolor y el sufrimiento ha desafiado a las mentes más iluminadas. El autor de Job describe la experiencia contradictoria de un hombre bueno sumido en la aflicción y que levanta el interrogante: ¿por qué sufren los buenos? Los filósofos estoicos se preguntaron: ¿Si Dios es sólo bondad y todopoderoso, ¿cómo es que permite el mal y el sufrimiento? San Agustín también procuró una respuesta al problema frente a la tragedia de la caída de Roma en manos de los bárbaros. ¿Cómo explicar el hecho de que la invicta ciudad había dominado al mundo como potencia pagana, y ahora, a sólo un siglo de su conversión masiva a la fe cristiana, caía masacrada por los germanos? A través de los siglos muchos filósofos procuraron responder a estos mismos interrogantes desde las más diversas perspectivas.¿Cómo es posible que gente buena sufra cosas malas? La pasión de Cristo arroja alguna luz para responder a esta pregunta.
Pero el problema sigue sin solución y sacude la fe de quienes sinceramente intentan resolverlo. ¿Es posible una respuesta? Quizás es conveniente decir que no. Al menos, no hay una solución absoluta al problema del dolor y del sufrimiento. Sí es posible considerar algunas ideas que sirven para arrojar algo de luz sobre la cuestión.
Al considerar el problema del sufrimiento, es importante tener en cuenta que la Biblia dice que algo anda mal con nuestro mundo; este mundo que Dios creó perfecto (Gn. 1). A poco de observar vemos que hay una perversión destructiva, negativa, caótica, casi demoníaca en el mundo creado por Dios. Esta perversión es lo que la Biblia llama pecado.
Pecado no es meramente, como piensan algunos, faltar a los cultos de la iglesia, no orar ni leer la Biblia, decir palabras obscenas o beber bebidas alcohólicas. Limitar nuestro concepto de pecado a estas cosas, que por cierto son deplorables, es quedarse corto en describir su nefasta esencia. También lo es el llamarlo simplemente “una distorsión del orden de la creación debido a una situación de opresión socioeconómico política”, tal como sostienen los marxistas. Según ellos, los problemas del ser humano tienen sus raíces en el hecho de que muchos producen para el enriquecimiento de unos pocos. Pecado es algo mucho más serio y amplio que esto, aunque lo incluye.
El pecado no es básicamente una acción o una condición social, sino una desorientación y alienación interior. Es algo que se da primero en el corazón del ser humano. Es esa decisión íntima de centrar la vida en lo finito antes que en Dios, resultando al fin en la perversión de todas las relaciones humanas (ver Ro. 1.18-32).